HISTORIA
Y el calendario marca esa fecha, cuando parte del mundo celebra y se pone de cabeza. Las reglas se olvidan por unos días para que los antifaces hagan su entrada triunfal al ritmo de la música, y la alegría se erija como el único idioma universal.
La génesis de este jolgorio sagrado se encuentra en los ritos paganos de la antigüedad. En la Roma de las festividades dedicadas a Saturno y Baco, el desenfreno y el trueque de rangos eran ley. Mientras Grecia se rendía ante Dionisio con un arte provocador, en Egipto los rituales honraban a la diosa Isis.
En el epicentro de estas celebraciones, todo parece girar al revés: las normas se disuelven, las máscaras nos permiten ser "otros" por escasos días. Es un espacio de suspensión donde todo es distinto, todo es fiesta y la risa rompe cualquier jerarquía.
Aunque su etimología oficial nos remite al latín carnem levare (“quitar la carne” antes de la Cuaresma), esta festividad ha trascendido lo religioso para erigirse como un santuario de sátira e invención. Es la epifanía de lo cotidiano: un breve paréntesis donde los disfraces nos permiten burlar la rutina y habitar lo extraordinario.
